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sábado, 26 de diciembre de 2009

CONSTRUCTORA DE CIVILIZACIONES

La palabra mujer aparece 730 veces en la Biblia, es una de las más numerosas…, una de las que más aparece en los textos sagrados.

Las primeras dos veces que aparece es en el libro del Génesis, en el capítulo 2, versículos 22 y 23,

De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó:

«Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne.

Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.»

Y la última vez que aparece es en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 17, versículo 18.

En este caso, debemos considerar que el libro del Apocalipsis ha sido escrito en tres líneas de tiempo: pasado, presente y futuro, además de estar cargado de una simbología que a veces puede desorientar al que lee, puesto que fue escrito en medio de las grandes y sangrientas persecuciones del emperador Dioclesiano a los cristianos, y es una especie de criptograma… un documento cifrado, que en este caso describe como «mujer» a la Roma de aquellos tiempos, que nada tiene que ver con la otra mujer que aparece en los textos nombrada como la «novia», refiriéndose a la Iglesia de Cristo, y al novio, quien no es otro que el mismo Señor.

A pesar de los condicionamientos sociales y culturales de todas las épocas, donde en estos aspectos la mujer siempre ha sido tenida en menos y hasta despreciada, sin embargo en las sagradas escrituras no ocurre eso y tiene muchas veces una gran relevancia en los acontecimientos allí descritos.

La mujer aparece como principal colaboradora de Dios en muchísimos pasajes, que ya iremos viendo, tomando un papel protagónico en las grandes historias que cuenta la Biblia.

Otras veces, su rol es de «anti testimonio», por así decirlo, puesto que al igual que los hombres que aparecen reflejados en los textos sagrados, «hay de los buenos y de los malos»… en esto no hay diferencias…

En las sociedades, el rol de la mujer ha sido la de «constructora de civilizaciones»… ella muchas veces es la que influyó e influye en el hombre para que éste produzca los hechos que produce, desde el lugar donde esté.

También es la formadora del hombre desde sus primeros momentos. Es su mamá… es quien le enseña todo desde el primer momento…

Luego, cuando el hombre crece… hombre y mujeres… no nos olvidemos de las niñas, quienes también son educadas por mujeres desde sus primeros momentos de vida…

Decía: luego, cuando el hombre va creciendo y comienza a socializarse, a institucionalizarse… cuando ingresa a la institución escuela y empieza a salir de su hogar, de su casa, por lo general, también se encuentra con mujeres que lo forman.

En el jardín de infantes primero, en la escuela después… y tendrá más adelante profesoras… y por supuesto: siempre la madre acompañando todo este proceso…

Llegarán luego los enamoramientos, donde sin dudas el control y el dominio es siempre de la mujer, si ha sido bien criada por su madre, por supuesto… habrá excepciones… y seguro que las hay…, como en todo…

Pero en reglas generales podemos decir que esto es así.

Y seguirá el curso de la vida del hombre, a quien la mujer le dará una familia… es lógico… para eso están juntos en le matrimonio… y éste se convertirá un poco en el satélite de su familia. Pero el pilar verdadero, la columna central de esa familia será la mujer… la constructora de civilizaciones, como me gusta llamarla…

Y no es una adulación fácil para quedar bien con la otra parte de la humanidad… no. No he nacido de un repollo y tengo hermanas… y me he casado y tengo hijos e hijas… sé de qué estoy hablando…

Por eso veo con dolor cuando por todos los medios, los enemigos de lo civilizado, de la humanidad, del género humano, como si ellos no lo fueran, corrompen a la mujer para dominar al mundo…

Sacan de sus casas a las mujeres con el pretexto de «liberarlas» de una supuesta esclavitud y entonces pierde su potestad sobre su casa, sobre sus hijos, sobre su familia…

Queda todo a la deriva… en manos de extraños… de empleados, a lo mejor extranjeros… que le transmiten valores diferentes de culturas diferentes a los niños que cuidan… y la madre pierde entonces el control de qué piensan sus hijos… ya no se conocen… y ella y su marido no se ven… cuando se encuentran están cansados y cada uno de ellos es una isla en su propio mundo… y puede que comiencen entonces los secretos no revelados entre ellos, cuando se supone tendrían que ser sólo uno… una sola carne… un solo espíritu… unidos en una tarea específica: el matrimonio.

Dice el libro del Levítico, en el capítulo 20, versículo 10: Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adúltera.

Esto empareja bastante las cosas en cuanto a las responsabilidades y culpas del hombre y la mujer.

Y cuando no hay culpa ni responsabilidad, ocurre lo mismo en los sagrados textos:

Dice el libro de los números en el capítulo 5, versículos 2 y 3: «Manda a los israelitas que echen del campamento a todo leproso, al que padece flujo y a todo impuro por contacto de cadáver. Los has de echar, sean hombre o mujer; fuera del campamento los echarás, para que no contaminen sus campamentos, donde yo habito en medio de ellos.»

Claro… esto merece una explicación especial y aparte, ya que lo que estamos diciendo no está contextuado y habría mucho que explicar sobre las palabras que se ponen en boca de Dios, pero lo que sí es evidente, es sobre la no diferenciación, para Dios, entre sus creaturas de diferentes sexo…

Los modernos teólogos ya nos hablan de un Dios padre/madre cuando se refieren a Dios Creador… es decir: como con ambos sexos y ninguno.

Gestante de vida, como una madre y engendrante, como un padre.

Y lo dice claramente el libro del Génesis… 1,26-27 Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.

Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.

Una vez me contó un cura amigo, muy querido para mí, que una traducción más afinada sería: a imagen de Dios le creó, varón y varona los creó.

Término que estaría perfectamente utilizado, ya que existe y quiere decir eso justamente: «mujer».

Lo que ocurre, es que culturalmente también se dice varona a una mujer poco femenina o mujer varonil… por lo que varona podría ser interpretado por alguien como peyorativo.

De ese: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra» es de donde se desprende que tanto el hombre como la mujer tienen… ¡reflejan! la imagen de Dios, por lo que se sigue que Dios puede ser tanto masculino como femenino… tener condición de ambos sexos… o estar mucho más allá de ambos sexos y de este modo no tener ninguno… aunque se lo piense y trate como varón.

Por supuesto que Nuestro Señor Jesucristo es varón… y siempre se ha dicho Dios Padre… y también la Tercera Divina Persona, es El Espíritu Santo…, es también masculino… pero eso no quita nada a su parte como un ser creado a imagen y semejanza de Dios a la mujer.

Es más una cuestión semántica que de fondo.

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